Cuando cenamos con la familia en Navidad siempre se nos pasa por la cabeza el gran trabajo que ha supuesto comprar los alimenos, cocinarlos, prepararlos, servirlos, la decoración de la mesa... pensamos también en lo felices que somos por tener todo, o casi todo, lo que queremos: familia, salud, amor, cariño y porqué no, algo de dinero. Pocas personas recuerdan entonces que existe alguien en alguna parte que sufre, que tiene hambre, que está solo y que por supuesto, no recibirá ningún regalo.
Constituyen la parte oscura de la Navidad: los desfavorecidos, los que sufren la soledad, los hambrientos, los no queridos, los enfermos, los viudos, huérfanos... Ellos existen, y por ello quiero dedicar esta entrada a su recuerdo, porque soy la primera que a veces lo olvida, porque ellos merecen una verdadera Navidad más que nadie y durante los 365 dís del año........
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